por
Maribel
@ 2007-07-17 - 18:03:49
Hace pocos dÃas se ha celebrado el aniversario del asesinato del diseñadorr Versace.
Recuerdo muy bien aquellos dÃas. El impacto mediá´©co que produjo aquel deceso. Los amigos del difunto en el funeral: Elton John llorando desconsolado y reconfortado por Diana Spencer.
Nadie sospechaba que Diana viví¡ los ?os dí¡³ de su vida.
Hace 10 añ¯³ yo tení¡ 17 y me sentí¡ capaz de comerme el mundo. Era fuerte, vital, y con la cabeza totalmente llena de p᪡ros.
Cuando se dió ¡ conocer la noticia de la muerte de la princesa de Gales, se produjo una sensació® ¤e incredulidad. Nadie podí¡ creerlo. Parecí¡ que habí¡ perdido la vida alguien pró¸©o, cercano.
Por obra y gracia de los medios de comunicació®¬ la veí¡os como alguien de la familia o de la vecindad.
Recuerdo tambié® que mi abuela, mi madre y yo no nos perdí¡os noticiario, reportaje ni reseñ¡ ¡lguna sobre aquel lamentable hecho que fue el accidente.
Por supuesto, grabamos el entierro y el traslado de sus restos a una finca familiar.
Me emocionó °²ofundamente cuando, al llegar al lugar donde descansarí¡ para siempre, se abrió µ®a verja, entró ¥¬ coche que llevaba su cuerpo sin via, y volvió ¡ cerrarse. Nadie le dijo adió³ ¤esde el exterior.
Yo pensé ¥n aquellos breves instantes que duró ¬¡ escena:
"Ahí ¬a tienen. Salió ¤¥ su casa como la rosa de la canció®¬ y mira como vuelve. Muerta. Ya estará® contentos". Refiriendome, por supuesto, a los fot󧲡fos de los medios que comí¡® de ella.
Y es que las tres chicas de mi casa: abuela, madre y niñ¡¬ a la sazó® ¹o, eramos totalmente dianistas. Totalmente partidarias suyas. No sus fans ni sus mitó¡®as, pero si solidarias con su drama personal.
Lo de Diana Spencer fue un timo. Puede que el timo má³ grande de la historia.
Porque le vendieron como nuevo un señ¯² que estaba muy usado. Y todos lo sabí¡®. Todos menos ella.
Seg?entes de la é°¯ca, la conjura fue organizada por la reina madre, la reina hija, y las damas de la corte.
Tení¡® que buscar una chica "aparente" para madre del heredero del heredero. No para esposa, no para compañ¥²¡ en el trono,no. Só¬¯ para que pariera al rey del United Kingdom del siglo XXI.Dicho vulgarmente: buscaban un ? con patas.
?Condició® sinequanon? Que fuera virgen.
No se si es para reir, o para llorar, que a la futura se le exigiera lo que el futuro no podí¡ ofrecer.
No se por qué ²azó® ¬os perversos ojos de aquellas brujas se fijaron en la niñ¡ ¤e un vizconde chispí®¬ medio ido, y de segunda divisió® ¥n la liga de la nobleza.
El caso es que así ¦ue.
Diana entonces era muy joven. Tení¡ el aspecto de un rollizo y coloradote recié® nacido, pero... era guapa y volvió ¬¯ca a la prensa rosa. Su perdici󮮦lt;br> Ademᳬ !oh horror! estaba plató®©£amente enamorada del principe de Gales.
No pudo ser má³ fᣩl para las arpí¡³.
Pero, las arpí¡³, ocultaron a Diana sus prop󳩴os. No la explicaron que se trataba de un "apañ©´¯". Que ella se casaba con el prí®£ipe solamente para ser madre, la madre del heredero y alg?plente, por si acaso. De ese modo, tendrí¡ la gloria de ser madre de un rey.
Se les olvidó ¤¥cirle que su amor plató®©£o, el prí®£ipe, hací¡ tiempo que estaba enrollado con una señ¯²¡ de su edad.
Y que posiblemente nunca la dejarí¡¬porque como el mismo habí¡ dicho "no voy a ser el ? principe de Gales sin amante".
Y que posiblemente, nunca serí¡ amada por el. Ni siquiera respetada. Ni tan siquiera comprendida.
Tampoco le dijeron que lo pensara. Que lo sopesara. Que seguramente le tendrí¡ cuenta hacerse la loca y tragar cuernos a cuenta de pasar a la historia como madre de un rey inglé³®
Y por causa de estos repetidos "despistes" Diana se lo creyó® ensó ±µe aquello de la boda, y del anillo y de la iglesia de San Pablo era en serio.
Se vistió £¯n un horroroso traje de novia, y hala, a ser feliz con su prí®£ipe de traje gris.
Cuando Diana descubrió ¬¡ trama de que habí¡ sido objeto, primero quiso morir. Despues quiso morir matando.
y lo hizo a travé³ de aquellos que, en efecto, le quitarí¡® la vida de tanto quererla: los periodistas.
Es curioso có¯ señ¯²¡s de tanto copete y de tanta soberbia, que representaban a instituciones de tanto prestigio,tanta alcurnia y de tanta flema, descencieran a realizar el papel de vulgares celestinas, por el bien de la corona y del united kingdom.
Pues si. Así ¦ue. Y estando de por medio la Celestina, só¬¯ la muerte podí¡ esperar a la Melibea britᮩca.
Homenaje a Diana Spencer.
Y a todos las Dianas que han sido "timadas", y cuyos prí®£ipes se convierten en sapos.

Guapa. Más que guapa.