Parece ser que en el país vecino, osea Portugal, se va a celebrar un referéndum sobre la interrupción voluntaria del embarazo.
Se da la circunstancia de que Portugal ya tiene una ley al respecto, por cierto igual que la española en la que está prevista la interrupción de la preñez en tres supuestos:
- Caso de violación.
- Graves malformaciones en el feto.
- Riesgo para la madre.
Por extraño que parezca, dicha ley no ha sido estrenada por los portugueses, tal vez por presiones de la derecha y del clero.
A lo largo de los siglos, antes de que el mendelismo llegara a los juzgados, los hombres practican una contundente forma de deshacerse de hijos no deseados: abandonarlos a su suerte repudiando a la madre con el razonamiento que decía “tu sabrás de quien es porque si lo has hecho conmigo igual lo habrás hecho con otros”.
Por esa razón, cuando alguna mujer portuguesa se ve obligada a interrumpir su estado de gravidez si lo hace en su país tienen que hacerlo en la clandestinidad: gastando mucho dinero, (a chantaje me suena esto) en condiciones deplorables y con el riesgo de ir a parar a la cárcel mujer y médico.
La única alternativa que les queda es viajar a España para, en una clínica especializada, llevar a cabo su propósito con garantías sanitarias y mucho menos dinero.
Da la impresión de que Portugal ha entrado en la Unión Europea, pero la UE no ha entrado en Portugal.
En mi opinión, un referéndum no es el sistema adecuado para dilucidar un asunto cómo este.
La pregunta es:
¿Quién tiene derecho a opinar sobre la interrupción voluntaria de una gestación?
¿El hombre, que nunca se va a ver en el caso?
¿Un hombre sufrirá un embarazo por culpa de una violación?
¿Un hombre verá su vida en peligro por causa de una gestación?
Por supuesto que no.
Por ello sólo la mujer tiene derecho a pronunciarse. Por que sólo a ella le afecta, o lo que es igual, sólo a ella le ocurre.
A nadie le gusta hacerlo. Sólo graves causas llevan a tomar esa decisión.
Pero, la mujer, como ciudadana de pleno de derecho y persona en plenitud de facultades, está en situación de elegir y, llegado el caso, decidir.
A partir de ese momento el hijo o hija era dejado a su suerte y el padre nunca se preocupaba de si ese hijo había nacido vivo o muerto, si estaba bien de salud, si tenía lo necesario para vivir una vida digna… nada, sólo el olvido.
¿Y ahora se consideran con autoridad moral para decidir con su voz y con su voto lo que una mujer puede o no puede hacer con su cuerpo? Para nada. Soy de la opinión de que los hombres ni tan siquiera deben manifestarse con relación a este asunto.
Porque no les afecta ni nunca les afectará, no me cansaré de repetirlo.
Así pues, animo a las vecinas portuguesas a reivindicar los derechos que por ley les corresponden y a ignorar los resultados de ese improcedente referéndum, sea cual sea el resultado.
Saludos.













12.02.07 @ 17:02