Apropósito del post de una compañera del blog, en el que de pasada se mencionaba que la diosa Atenea , además de ser diosa de la sabiduría, las bellas artes y la guerra. Protectora de los caminantes, los comerciantes, los ladrones etc, encima, sabía tejer (bien podría siendo Diosa) y, por asociación de ideas, he recordado al gran pintor español Diego Velázquez y a su cuadro llamado “Las hilanderas”.
Profundizando en la historia del enfrentamiento de una mortal, Aracne, y una Diosa, Atenea, encontramos que, toda fábula, tiene su mensaje y su moraleja. En mi opinión ambas cosas se resumirían en esta pregunta:
¿Puede un ser humano igualarse a un Dios mediante sus obras?
En el caso que nos ocupa, parece ser que si, ya que Aracne se equivocó en el tema tejido, pero no en cuanto a la calidad de su trabajo.
Y siguiendo con esta línea argumental, he recordado el caso de Velázquez y sus esfuerzos por ser nombrado Caballero de la Orden de Santiago.
Para quien no sepa de Velázquez y su obra, resumiremos su trayectoria: Velázquez nació en Sevilla en el siglo XVI. Fue pintor de Cámara del rey Felipe IV. Si vida como pintor consta de varias etapas en las que creó maravillosos cuadros, y al mismo tiempo, fue desarrollando técnicas novedosas y revolucionarias en el mundo del arte, consiguiendo la plasmación de la perspectiva mediante la alternancia de luz y sombra. Algo que los pintores de tiempos pretéritos habían buscado sin descanso.
Teniendo en cuenta todos sus méritos, era lógico que Velázquez aspirara a recibir un reconocimiento, alguna prebenda real. Pero a qué aspiraba Velázquez. A ¿Un titulo nobiliario? ¿La cruz del Rey Sabio? ¿Algún señorío? Pues no. Lo que Velázquez anhelaba era ser miembro de la Orden de Santiago.
La “Orden de Santiago era una orden militar que se ocupaba de combatir a los infieles (moros) y proteger a los peregrinos que, de toda Europa, viajaban hasta la sepultura del Apóstol.
De todas las ordenes era la más importante y poderosa. Fue vinculada a la Corona Castellana por los Reyes Católicos, y desde entonces, los reyes españoles ostentan el cargo de Maestre de la Orden de Santiago.
Varias veces, Velázquez solicitó ser admitido en tan importante organización y otras tantas fue rechazado.
Siendo un miembro importante de la Corte, cual era la razón de ese rechazo.
Pues Velazquez fue rechazado por no ser cristianoviejo. Cristianoviejo era todo aquel en cuya familia, durante todas las generaciones anteriores, nadie habia casado con judia o judio, moro o mora. Es decir, se exigía pureza de sangre. Y se daba el caso de que el padre del gran pintor, era judio converso.
Velázquez se sintio tan humillado y tan dolido, que pensó en enviar un mensaje a esos altaneros caballeros de la mejor forma que el sabía: pintando un cuadro.
Y así nació el cuadro de “Las hilanderas. En apariencia una estampa costumbrista, que tiene lugar en el taller de un tejedor de tapices. Pero al fondo, está el mensaje subliminal, la metáfora. Porque al fondo está representada, en un enorme tapiz, la historia de Aracne y Atenea.
Podríamos de nuevo condensarlo en una pregunta:
¿Puede la virtud, el trabajo, la creación, el talento, la bonhomía, equipararse a la pureza de sangre?
Y la respuesta podría ser la siguiente: Aracne, con su trabajo se puso al nivel de una diosa. Si Aracne pudo, podemos todos.
¿Dio resultado este gesto? ¿Se avino la Orden a acoger entre sus miembros a tan insigne creador?
Lo sabremos deleitándonos con la contemplación del cuadro titulado “Las meninas” y fijándonos si el pintor lleva sobre su pecho, una cruz roja con la parte de abajo en forma de espada.
Un saludo, como siempre, afectuoso.













24.04.06 @ 19:43